viernes, 14 de agosto de 2009

Cuando los nervios nos alcancen

... O cuando ya nos alcanzaron.

Aunque aparentemente me he mantenido al margen de todo lo que ha rodeado a la boda (o al menos así lo he sentido en gran medida) y de que en un inicio me llegué a creer inmune al nerviosismo de la ceremonia... Debo confesar que el estrés (si no un nerviosismo como tal) ya me alcanzaron.

Y no es que me sienta particularmente nervioso o presionado, pero el inexorable paso del tiempo y el ver aquellos detalles que aún faltan, sin contar con las presiones de la vida cotidiana y en particular de mi situación laboral-académica actual... Ya me está pegando (o más bien, ya me pegó).

Ahora lo único que temo es que al momento de decir los votos se me olvide lo que quiero decir, se me trabe la lengua, me gane la emoción o simplemente pase inadvertido (que lo dudo). En fin, que en resumidas cuentas ya no cuento con la tranquilidad que todavía en Julio tenía, y supongo que es natural... ¡Caramba!, me voy a CASAR cosa que no sucede todos los días y por más que digan que soy poco expresivo de mis emociones no por ello el evento no me las genera (y menos mal, de lo contrario estaría muerto).

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